Cuando tu peque se enfada:
presencia antes que soluciones.
Acompañar una emoción no significa conseguir que desaparezca rápido. Significa ofrecer seguridad mientras vuelve a encontrar su equilibrio.
En plena tormenta emocional, el cerebro infantil no está disponible para una explicación larga. Tu tono, tu postura y la sencillez de tus palabras comunican más que cualquier discurso.
Puedes nombrar lo que ves: “Querías seguir jugando y ha sido difícil parar”. Después, mantén cerca el límite necesario y ofrece presencia. No hace falta forzar un abrazo; estar disponible también es acompañar.
Cuando la calma vuelve, habrá tiempo para reparar, recordar lo ocurrido y pensar juntos qué puede ayudar la próxima vez.
